Las maniobras de Corea del Norte han equiparado su encendida retórica en los últimos días.
Más de 40.000 soldados
estadounidenses y surcoreanos se encuentran actualmente realizando
maniobras militares en la península coreana, como parte del ejercicio
anual Foal Eagle.
Aviones de combate, bombarderos y submarinos de
Estados Unidos se dirigieron a la región, en un esfuerzo por "mejorar la
seguridad y la preparación" de Corea del Sur.
Esos ejercicios son considerados como una garantía visible de la
confiabilidad de la alianza de Washington y Seúl y su compromiso
extendido de disuasión.
Corea del Norte supuestamente hace una lectura
diferente del propósito de estos ejercicios, argumentando que podrían
ser una pantalla para la preparación de un ataque sorpresivo.
Por tanto, como respuesta, Pyongyang ha recurrido a su herramienta más familiar: fieras amenazas de escalada del conflicto.
Palabras de guerra
La cobertura internacional de las tensiones con
Corea del Norte crea la impresión de que sus recientes amenazas en
respuesta a los ejercicios militares surgieron de la nada.
De hecho, Pyongyang ha objetado ruidosamente las maniobras conjuntas durante décadas.
En lo que sus últimas amenazas difieren del pasado es en su intensidad y especificidad.
Durante el mes pasado, Pyongyang prometió hacer
trizas el armisticio de 1953 entre las dos Coreas y cerrar la línea
directa en la región fronteriza.
Luego anunció que había incrementado el nivel de
disposición al combate de sus fuerzas de artillería, con las bases
estadounidenses en Guam y Hawai en el punto de mira.
El aviso más audaz de Pyongyang fue que se reserva el derecho a una guerra nuclear preventiva contra Washington o Seúl.
Aunque Pyongyang ha cumplido con cortar la
comunicación en Panmunjom, hay pocas razones para sospechar que lo hará
con algunas de sus otras promesas, al menos a corto plazo.
Una razón es que el principal público de las
duras palabras de Kim Jong-un es interno. El joven líder fue promovido
velozmente en el Ejército Popular de Corea por su difunto padre, a pesar
de haber hecho poco para merecer esas calificaciones. Enfrentarse a los
enemigos externos del país ayudará a Kim Jong-un a consolidar su poder
militar y político.
Una segunda causa para la calma temporal son las
deficiencias tecnológicas de Corea del Norte en los campos nuclear y de
misiles.
En su mayoría, los analistas concuerdan en que
es improbable que Pyongyang haya dominado exitosamente la tecnología
necesaria para ubicar una ojiva nuclear en un misil balístico y
apuntarlo a Washington... todavía.
Sin embargo, sus recientes pruebas nucleares y
de lanzamiento de misil demuestran que Corea del Norte está ansiosa por
avanzar en su capacidad en ese campo.
Temor a ejercicios militares
A la vez que podemos repudiar las amenazas de Pyongyang y sus
bravuconerías mayormente para consumo nacional, es posible que las
inseguridades subyacentes de Corea del Norte sean sinceras.
Las preocupaciones de que los ejercicios
militares puedan ser usados como un velo para preparar un ataque
sorpresivo contra Corea del Norte parece incomprensible desde una óptica
occidental.
Los "juegos de guerra" son precisamente eso, y
su valor para tranquilizar a una nerviosa Corea del Sur es un importante
beneficio político agregado.
Pero Corea del Norte, que piensa en términos
"militares primero" y prioriza la autosuficiencia en sus asuntos, podría
tomar con escepticismo que los ejercicios conjuntos sean sólo sobre su
preparación a responder a un ataque o una demostración benigna del
compromiso de la alianza de Corea del Sur y EE.UU.
Lo que posiblemente consolide la interpretación
divergente norcoreana es el hecho de que en 1950, Pyongyang usó los
ejercicios con el mismo propósito maligno que ahora ve en Foal Eagle.
En junio de 1950, Pyongyang puso en marcha un
plan que encubría movimientos militares a gran escala hacia el paralelo
38, disfrazados de ejercicios de entrenamiento. En medio de estos juegos
de guerra, varias divisiones participantes se dirigieron al sur hacia
Seúl, desencadenando la Guerra de Corea.
Gobiernos estadounidenses previos han reconocido
tácitamente que la brecha en el entendimiento entre Washington y
Pyongyang acerca del propósito de las maniobras militares es vasta.
El riesgo de un error de cálculo
El expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, canceló reiteradamente los ejercicios anuales Team Spirit para aplacar las preocupaciones de Pyongyang e incentivar las negociaciones sobre su programa nuclear.
Actualmente, el riesgo no es de una guerra a gran escala o un ataque nuclear, sino de un error de cálculo.
Corea del Norte continúa buscando nuevas formas
de emitir amenazas, en parte en un intento del régimen de consolidar su
poder y en parte esperando que EE.UU. cancele sus ejercicios como hizo
Clinton.
Entre tanto, Occidente la pone en evidencia y sigue con sus prácticas y vuelos de aviones B-52 sobre la península.
Este patrón ocurre en ausencia de cualquier
compromiso regular entre EE.UU. y Corea del Norte. Si persiste, el
riesgo de error de cálculo de cualquier bando subirá.
Corea del Norte podría malinterpretar una acción
estadounidense, determinar una amenaza inminente y existencial al
régimen, y atacar. O, si se le pone demasiado en evidencia, podría
sentir que su retórica ya no funciona y decidir una acción más agresiva
para equiparar sus palabras.
Una prueba de la sinceridad de los temores
norcoreanos sobre las maniobras militares será medir la retórica del
régimen cuando concluyan los ejercicios en abril.
Las salidas de la situación actual son
limitadas. Es improbable que las conversaciones entre Washington y
Pyongyang convenzan a Corea del Norte de renunciar a su programa
nuclear.
Pero el diálogo sobre la seguridad en la
península coreana, incluyendo el asunto de los ejercicios militares,
podría ayudar a evitar más malentendidos y errores de cálculo. Podría
asegurar que Corea del Norte no escuche sólo el enérgico mensaje de
seguridad adaptado para Seúl.
Washington debería también ser cauteloso con
cualquier subsiguiente esfuerzo para garantizar visiblemente a los
aliados sin la contraproducente exacerbación de las potenciales
inseguridades norcoreanas.
Medidas como mantener en la región activos
militares con capacidad nuclear podrían prolongar innecesariamente el
riesgo de error de cálculo cuando terminen los ejercicios Foal Eagle.

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